Cerró el mensaje. Lo guardó en borradores y apagó el ordenador. No lo iba a enviar y lo sabía desde un principio. No tenía suficiente valentía para hacerlo.
Se echó en la cama y lloró. Se había convertido en una costumbre para ella.
Pero no perdía la esperanza, sabía que algún día, en algún momento, iba a ser feliz otra vez.
Se echó en la cama y lloró. Se había convertido en una costumbre para ella.
Pero no perdía la esperanza, sabía que algún día, en algún momento, iba a ser feliz otra vez.